Índice del Foro Tercera Vía
Mussolini (Il mio socialismo)

 
Publicar Nuevo Tema   Responder al Tema    Índice del Foro Tercera Vía -> Traducciones
Ver tema anterior :: Ver siguiente tema  
Autor Mensaje
TerceraVia
Administrador


Registrado: 23 Ene 2008
Mensajes: 184

MensajePublicado: Vie Ene 25, 2008 3:40 am    Título del mensaje: Mussolini (Il mio socialismo) Responder citando

Traducido por Lutra
--------------------------------------

La editorial “La Fenice” publicó en 1983, con título “il mio socialismo” una serie de artículos de Benito Mussolini, entre 1902 y 1911. No los he encontrado en Internet, así que os iré traduciendo los más interesantes. Creo que merecen la pena, porque son el reflejo de un partido socialista dividido, tras el fin del marxismo teórico, entre reformistas y ortodoxos; con la aparición de nuevas “sensibilidades” revolucionarias. Se ven con claridad los conceptos de:”revolución, lucha y sindicalismo” de la época, las aportaciones de Sorel “en tiempo real” y la evolución del marxismo hacia un pre-fascismo.

La traducción de los tres primeros, llamados “medallones burgueses”, es “literal”, he respetado incluso la peculiar puntuación (guiones y comas) típica de la época; para que se vea la forma de escribir de B. M. es decir que es necesario leerlo dos veces, para ir cogiendo “el estilo de la época”. Merecen la pena (creo)





MEDALLONES* BURGUESES



EL ESPECULADOR



Se levanta pronto por la mañana. El negocio le saca de casa en cuanto amanece. Su campo de acción es la Bolsa. Aquí encuentra a sus cómplices, a sus rivales, aquí libra sus duras batallas, aquí vive toda su vida en una rapidísima sucesión alterna de ansias, de dudas, de esperanzas, de derrotas y de victorias. Su frente es estrecha, huidiza, su ojo es pequeño, agudo – alguna vez emite destellos vítreos, feroces, temibles. El dinero – El auri sacra fames – ha grabado en esa faz el estigma del aventurero, del sin escrúpulos que en la Bolsa, en el mundo de los negocios no muestra un signo de piedad al liquidar a un rival modesto o al ordenar un golpe seguro. Este hombre que parece, bajo la mirada superficial del observador, un ser completamente inocuo; este hombre de costumbres – que tiene una familia y vuelve a casa a primera hora de la tarde – este hombre que a veces tiene en sus manos el destino de cientos y miles de individuos que él con un solo gesto puede enriquecer o sumergir en la miseria. El especulador extiende sus tentáculos sobre todas las manifestaciones de la energía humana en el bien y en el mal. Saca dinero de una guerra, salga victoriosa o vencida la nación a la que pertenece – una desgracia nacional no frena su furia de animal depredador. Su corazón no se conmueve – al sentimiento lo ha sustituido por el frío cálculo – a la poesía por las cifras– al arte por el precio de la obra en metálico. Especula con las viviendas y como resultado, miles de inquilinos alzan sus brazos al cielo, ante la visión del secretario judicial que viene para arrojar los muebles en medio de la calle – se abalanza sobre el grano y como resultado los pobres tienen que reducir la ración de pan cotidiano como en épocas de carestía – se abalanza sobre el vino y envenena al prójimo.

El especulador juega a lo grande. Las apuestas a veces son enormes.

Perder, significa a menudo, morir. Por eso la especulación lo absorbe incluso en momentos pasionales y en lugares sagrados. Interrumpirá una discusión sobre arte, para preguntar por el precio del petróleo – leerá el periódico, pero solo las cotizaciones a la baja. Le parecerá frío a la mujer, serio con los niños, lacónico con todos. Lento al meditar las ventas, frío al ejecutarlas – el especulador viste en sociedad los hábitos del pecado y a pesar de que vista de frac, tiene más delitos sobre su conciencia que cualquier bandido.

Es el producto típico de la sociedad burguesa. Cuando está en auge, todos le reverencian, le adulan, le temen. Los periódicos dedican columnas laudatorias a sus afortunadas empresas, diputados, senadores e incluso magistrados se ponen a su servicio – el populacho le contempla estupefacto. Cuando se arruina, cuando de la riqueza se precipita en la miseria. Todos le arrojarán la piedra, cada uno lleva el aguijón para entrelazar la corona de espinas – los enemigos brincan de alegría alrededor de su ataúd y un coro de maldiciones le acompañará a la fosa.



EL USURERO



En la escala de la perversidad humana, el usurero ocupa un lugar aun más bajo. Es el cuervo que sigue a los cadáveres de la sociedad burguesa, es la hiena que los desentierra para despojarlos. A veces tiene la suprema hipocresía de llorar ante las innumerables victimas que empuja al suicidio – pero no creáis en sus lágrimas – lo hace para engañaros a vosotros, a todos nosotros, al código penal, a la justicia, a la humanidad.

La gran ciudad vomita cada tarde, cada mañana, a cientos de individuos que a través de los engranajes de sus instituciones han perdido jirones de carne, de salud, de honor. Son los miserables que por una mujer descienden todos los escalones de la abyección, los infelices que para comprar una joya a la superficial prostituta que los traiciona no dudan en firmar un talón falso. Son los endemoniados por la pasión del juego que salen de las largas veladas alrededor del tapete verde, con los ojos brillantes, el paso tembloroso, la voz ronca, el disgusto en el alma, el vacío en los bolsillos – la perspectiva del suicidio como única vía de salida. Son los desgraciados que han penado a lo largo de todos los calvarios de la necesidad y han acabado por ser crucificados por un artículo del código penal – son los ingenuos, los buenos, los optimistas – timados por los astutos – despojados por los malvados, arrojados al arroyo por un cúmulo de manifiestas y traicioneras hostilidades; son innumerables los que golpeados por una desgracia, no consiguen rehacerse. Todos aquellos en definitiva que por un motivo u otro en un cierto momento de su vida deben encomendarse en las manos de un usurero, como un enfermo se encomienda al cirujano.

Y el usurero os mirará ante todo mucho tiempo a los ojos. Querrá que le contéis vuestra miseria y después que hayáis enrojecido, después que hayáis llorado de dolor y de vergüenza, el usurero os pedirá con voz fría, cortante como una hoja toledana, qué garantías ofrecéis de vuestra solvencia. Vosotros sentís que firmando el préstamo al 50, al 60, al 100, al 150 por ciento – es una horrible soga que os ponéis al cuello – sentís la asfixia, pero fuera hay alguien que espera, hay una banca que amenaza con el vencimiento, hay un artículo del código penal que os hace temblar, hay un chantajista que os colocará en el escenario del desprecio universal, hay, muchas veces, personas queridas que de vuestro lento morir de una hora, esperan una chispa de vida…y firmáis…Desde ese momento sois un esclavo, el esclavo de un innoble saqueador.

No obstante la ley, la sociedad actual, tolera la usura. Y tanta es la hipócrita vileza de nuestro tiempo, que si el usurero muere dejando miles de liras a un instituto de beneficencia – no faltarán “discursos conmovedores” en el funeral y la propuesta de un recuerdo marmóreo para hacer pasar a la posteridad la efigie del generoso “filántropo”.

¡Ah! ¡Qué grande, pura e inmaculada eres, Oh moral, Oh santa moral de la sociedad burguesa!

De L’Avvenire del Lavoratore, N. 17, 1 mayo 1909, V.



* “medaglioni” (medallones), son las figuras geométricas de forma ovalada de los frisos donde se dibujaban escenas costumbristas, “estampas burguesas” sería el título. También son los esbozos a carboncillo de retratos. Y figuradamente también significaba en el XIX “viejo pícaro” NdelT.



EL “VIVEUR”



La palabra es francesa y no traducible exactamente en italiano, pero la persona a la que designa es internacional. El viveur es el parásito por excelencia – el disipador de la riqueza social acumulada por otras manos – es el hombre que no produce nada, ni materialmente, ni espiritualmente.

No busquéis al viveur al alba cuando la ciudad se despierta y las calles de los suburbios y de los barrios pobres resuenan con los pasos apresurados de los obreros que van a reanudar el esfuerzo cotidiano, no le busquéis al mediodía cuando las calles se ensanchan por la marea de gente que interrumpe su trabajo para abarrotar los comedores.

El viveur llegó a la cama mientras el gallo cantaba y, como dice Parini

a él suavemente le cerró las luces

ese gallo que se las suele abrir a los demás

El viveur se ha ido a dormir, cuando su despertador suena hacia las cuatro. Es buena hora para salir. El honor de la primera visita corresponde al peluquero, que con preclara diligencia debe conferirle la última moda del flequillo y del mechón, o de la raya del pelo, a menudo ralo del viveur. Luego un paseo a pie – para ver y dejarse ver. Después la cena, cuando las primeras sombras de la noche caen, comienza el incontestable reino del viveur.

Su corte es el café, el gran café deslumbrante de luz, bajo la cual la procacidad desnuda de la diferencia de clases** se impone a la vista de todos; sus cortesanos son los amigos grandes y chicos, sus siervos son los camareros, las siervas, el cochero que inclinan a un gesto la cabeza y doblan la espalda. ¡Acercaos a la mesa donde el viveur ejercita incontestable su dominio y exhibe su chaleco de fantasía y extiende sobre el mármol la mano llena de anillos!

Poned oído: el viveur y sus compañeros no hablan de política. Es un argumento plebeyo. No tratan de arte. Su incompetencia en este campo es colosal. ¿De literatura quizá? De los clásicos conocen Il tempietto di Venere, de los contemporáneos: Le rime di Argia Sbolenfi. Hablarán de negocios…Sí… de negocios. Pero son los negocios que muy raramente se cierran en la Bolsa. Casi siempre es el usurero el que se encarga de ciertas anotaciones difíciles. El argumento de conversación es la última aventura galante, el reciente escándalo matrimonial, una conquista amorosa, una fuerte pérdida en las carreras o alrededor del tapete verde de una timba clandestina, una fuga, un banquete, un baile de disfraces…¿Veis a aquel señor pequeño y calvo, de ojillos oblicuos, de mirada rastrera que habla en voz baja?... ¿Y a su vecino alto, enjuto, con largos brazos simiescos?... ¿Y el tercero adolescente, pero con la frente ya surcada por arrugas precoces, con los labios marchitos que ya no conocen el rosa de la juventud? ¿Y a aquel viejo de mirada obscena o repugnante? Una mujer semidesnuda le hace cosquillas en la nariz con una pluma…y el viejo verde sonríe con una sonrisa de impotente y de enfermo…

Son los viveurs, ¡Oh muchedumbre anónima de miserables que pasas timorata ante las grandes vitrinas de los cafés y no osas mirar dentro…Son los hombres que viven de noche en los cafés, en las timbas, en los prostíbulos! Su mente es pequeñita pero su soberbia es colosal.

No tienen ideas, no tienen programas, ni dios. Su religión es el placer, no el placer noble que da al organismo una sensación de alegría, más bien es el placer vulgar, artificial, falso, oropelado de hipocresía o chillón del rojo de todas las impudicias. Y por la mañana, cuando el alba se insinúa levemente por el oriente, los viveurs vuelven a sus casas.

Así, o con ligeras variantes, pasan todos los días y toda la vida. No siempre la fortuna les protege…Muchas veces, en pocos años, muchos patrimonios alados desaparecen, y entonces he ahí al viveur constreñido a vivir de subterfugios, conformarse con el escudo que los amigos no amnésicos le prestan, a limitar el número de sus habitaciones y de sus trajes, a comer a la mesa de otros…a sentir en definitiva el frío aliento de esa triste señora llamada Miseria y cuya hija es el hambre…Vida inútil para sí y para otros es la del viveur. Cuando muere, la pluma del periodista siempre encuentra para él una frase hipócrita y se dice: “El muerto era notablemente conocido en los ambientes mundanos de la ciudad”.

El viveur es el producto típico de la sociedad y de las clases que se corrompen, que se diluyen. Roma conoció a los viveurs quizá más espirituales que los modernos, pero no menos corruptos o degenerados. Hoy los viveurs constituyen la vegetación que el fango social excreta de su seno. Y así como los viveurs de la antigua Roma odiaban a los nazarenos, a los innovadores, a los cristianos y reclamaban contra la vil plebe la aplicación integral de las feroces leyes persecutorias, igualmente los viveurs de la burguesía detestan al proletariado, las ideas modernas, el progreso, la revolución. De los viveurs de la burguesía, de esta banda de aventureros, de tahúres, de ladrones han salido los “patrulleros del orden” que actuaron en Bolonia durante la última huelga general, han salido los “trabajadores libres”, paniaguados, los voluntarios “de la agraria”, los pistoleros contra mujeres, los flageladores de niños, han salido los villanísimos que en Milán silbaban a los obreros y los golpeaban, bajo la protección benevolente de los guardias…

Los viveurs son, en sus ratos libres, los policías voluntarios, los más feroces sostenes de la reacción…

Los viveurs de Roma pasaron y los de la burguesía no serán eternos. El proletariado ya ha encendido la gran llama purificadora.

MUSSOLINI



De L’Avvenire del Lavoratore, N. 20, 19 maggio 1909, V.



** Orig. “orizzontali”



EL HOMBRE SERIO



Lo encontráis en todas las categorías de la sociedad humana: arriba, en medio y en la base de la pirámide social, para expresarme con una frase de moda entre los economistas. En el reino de los negocios el hombre “serio” es el deudor solvente, el especulador sensato, el jugador de bolsa hábil, el ladrón honrado, el usurero que trabaja en los márgenes del código penal.

En la política el hombre “serio” es el personaje de las opiniones atemperadas; es reaccionario, pero no quiere la horca; es revolucionario, pero no comprende el gorro frigio, rechaza la violencia, estigmatiza la insurrección. El hombre serio canta a la libertad sólo si está vigilada por los gendarmes. En los momentos de crisis, el hombre serio se encierra en un digno aire de reserva, en un prudente silencio, y muy a menudo en un sótano, hasta después de que las cuestiones hayan sido resueltas, para surgir de los cómodos escondites para imprecar a los vencidos y jalear a los vencedores. En la política el hombre serio es el héroe del sexto día, el parásito que disfruta de las conquistas del progreso, sin haber participado en ellas, el renacuajo del pantano que se esconde en el barro, cuando se acerca la tormenta y después croa muy alto al volver el tiempo sereno.

En la ciencia el hombre serio es el profesional mediocre, el erudito que ha tragado millones de microbios, revisando todos los viejos papelajos inútiles de las bibliotecas, el copista de los legendarios análisis e incapaz de hacer una síntesis, el recopilador de una erudición indigesta e indigerible que deja boquiabiertos a los imbéciles, el mulo de Parnaso que lleva un saco lleno de una sabiduría espuria, vieja, achacosa, dañada, estéril.

En la ciencia el hombre serio repite lo que han dicho otros, pero no es capaz de crear algo personal. Se atrinchera en sus posiciones y rehuye cualquier hipótesis genial y temeraria, para no comprometer la dignidad y la seriedad de la doctrina.

En la religión el hombre “serio” es el cura liberal, viejo modelo rococó. Se da aires de modernista, pero no llega al murrianismo*; quiere la tradición, pero no la inquisición. El hombre serio laico en la religión, es el personaje que no cree, pero bautiza a los hijos y exige el catecismo en la escuela. La tiene tomada con los curas, pero sostiene que son necesarios, dado lo salvaje del pueblo. Participa en la conmemoración del 20 de septiembre**, porque es una cuestión nacional, pero de noche va a pedir perdón al confesor jesuita.

En la moral el hombre serio crea su propio tipo. ¡La moral es tan elástica y tan contradictoria, en sus máximas y en sus dictados y en sus imperativos más o menos categóricos! El hombre serio en la moral aplica el lema jesuítico: “¡Si no eres casto, por lo menos sé cauto!” ¡Está permitido poner los cuernos a la mujer, o soportarlos uno mismo, es lícito el bullicio en la orgía, es tolerable pasar las noches en el tapete verde de una timba, a condición de que nadie lo sepa, a condición de que no estalle el escándalo! – ¡El escándalo!...Ésa es la palabra que resume toda la vileza de las clases altas. Y cuando el escándalo puede ser de dominio público, ¡cuántos personajes de alta y baja cuna se agitan para sofocarlo, cuántas maniobras, cuántos regalos y cuánto dinero para comprar el silencio! El hombre serio triunfa. ¿Qué se habla mal de él? Una espléndida contribución pro beneficencia ciudadana, hace callar a los maledicentes y reaviva la popularidad. ¿Qué se le acusa? El hombre serio se hace defender por los tribunales, pero no permite probar los hechos. Eso lo humillaría. Él esta por encima de muchas cosas, de demasiadas cosas, y es bajo la máscara de la seriedad, donde consigue salvar su honorabilidad personal.

En el campo del arte el hombre serio es el que sabe convertir rápidamente su ingenio en dinero contante. El hombre serio define la fórmula “el arte por el arte” como una ingenua insensatez de decadentes bohemios. El arte por el dinero: ése es el novísimo evangelio. El artista serio no adopta posiciones rebeldes o no continúa en ellas: sabe que los artistas rebeldes, los refractarios, que diría Jules Vallès, están casi muertos de hambre y frío en alguna repugnante buhardilla del arrabal. ¡Solo los imbéciles trabajan por la gloria; los hombres serios trabajan por el estómago y la cruz del comendador!

También existe en el socialismo el compañero serio. Generalmente es un trabajador. El individuo de las cien dudas, de los mil escrúpulos, dubitativo, pedante, fanático de todas las disposiciones reglamentarias. Un individuo que antes de emprender una lucha, quiere tener la victoria en el bolsillo. Por ello ridiculiza, hostiga cada intento y siempre encuentra piedras para lapidar a los vencidos.

Los hombres así llamados “serios” constituyen el lastre social. ¡La civilización es la obra de los llamados “locos”!



BENITO MUSSOLINI



De L’Avvenire del Lavoratore, N. 35 1 settembre 1909, V.



* El modernismo teológico es un movimiento de pensamiento católico surgido en Italia a finales del XIX, para tratar de conciliar la filosofía moderna con la teología cristiana.

Orig. “murrianesino” Por Romolo Murri inspirador del movimiento católico Democracia cristiana, como base de un partido político. NdelT.

** El 20 de septiembre de 1870, la “Toma de Roma” conlleva la anexión de Roma al reino de Italia y supone el fin definitivo del poder temporal de los pontífices romanos. NdelT.
_________________


Ultima edición por TerceraVia el Vie Ene 25, 2008 3:44 am; editado 1 vez
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo Visitar sitio web del autor
TerceraVia
Administrador


Registrado: 23 Ene 2008
Mensajes: 184

MensajePublicado: Vie Ene 25, 2008 3:41 am    Título del mensaje: Responder citando

En los textos siguientes, unos quince, la traducción es “menos” literal, para que la lectura sea más fluida, al ser textos estrictamente políticos.



LA VIRTUD DE LA ESPERA



La organización proletaria, si quiere vivir e imponerse, debe carecer de morbosas impulsividades.

La dinámica social es lenta en su marcha ascendente hacia formas más evolucionadas de vida por el hecho de la simultánea duplicidad fáctica de su obra: por un lado es necesario destruir todo un pasado de injusticias, por el otro urge preparar el advenimiento de un futuro mejor.

El actual orden de las cosas no se cambia de un golpe, como quisieran algunos utopistas, y como quisiéramos, por cierto, también nosotros, si no estuviésemos humanamente seguros de caer en el mundo de los sueños.

La civilización capitalista es la transformación operada, con el 89*, sobre la civilización medieval; como ésta es la transformación realizada por el cristianismo sobre la vieja civilización pagana. La burguesía ha surgido desde las ruinas del blasón, por la parte más activa de el Tercer Estado, como el socialismo ha surgido y surge por la mayoría inmensa de los expropiados representantes del trabajo, desde las ruinas (hasta hoy teóricas) de los ordenamientos político-sociales fundados sobre la propiedad individualista. Ruinas teóricas, he dicho, puesto que la crítica ha precedido y precede a la acción demoledora.

Ahora bien, un sistema que tiene raíces tan profundas, puesto que es el último traído por la Historia, no puede ser destruido por el trabajo de unos pocos años. Podéis con una carga de dinamita, hacer saltar en diez minutos, un conglomerado rocoso, aunque lleve siglos yaciendo; pero para hacer saltar un conglomerado de instituciones, exponente de una orientación sobrevenida del espíritu humano hacia unos principios dados (aunque sean falsos) es necesaria una reacción que equivalga, al menos, en potencia, si no es duración, al tiempo necesario, para alcanzar a aquel estadio de civilización que se reconoce infecundo al bien social.

Los trabajadores, así pues, que no se ilusionen. De una conquista parcial, no disfruten como de un triunfo definitivo, sino que la consideren en vez de eso, como el primer esfuerzo que templa la fe, como el primer paso del viaje predestinado. Y antes de aventurarse en luchas, que llevando a la derrota desaniman, no solo a los que han tenido que ceder, sino también a los otros que están esperando el éxito del combate, para sacar ellos mismos una enseñanza, antes de exponerse a la prueba de fuego. Midan los obreros todo el alcance de sus propias resoluciones.

La espera es la virtud de los fuertes. Sé bien que es difícil esperar cuando los estómagos sienten los calambres del ayuno; pero lo malo, es que un movimiento desesperado está condenado desde el principio, y mientras agrava el tormento de los forzosos ayunadores, aleja el momento de la victoria, así – lo repetimos – para aquellos que están en lucha, como para los que (y son muchos) antes de decidirse, se paran y miran lo que hacen los otros.

Busquen los trabajadores formar asociaciones potentes, en número y en conciencias, y los días de lucha no tardarán, pero la victoria solo sonreirá a los bien preparados.

Un veto, pues, a las impulsividades, especialmente a las que provienen de una falsa visión del como se debería desenvolver el conflicto entre las clases, hoy armadas la una contra la otra.

Preparémonos y preparemos. Nuestra espera no es estúpida como la del oriental, perpetuamente arrodillado ante su dios, sino que es la espera del que prepara pacientemente las fuerzas que le son necesarias para derrotar al enemigo.

BENITO MUSSOLINI



De L’Avvenire del Lavoratore, N. 162, 9 agosto 1902, VI. También publicado en La Giustizia, N. 832, 24 agosto 1902, XVI. (Por cierto, con 19 añitos, quien los pillara, recién cumplidos)



* 1789, Revolución francesa





DEMOCRACIA PARLAMENTARIA



Una de las causas por las que la democracia italiana “tiene callos y lleva gafas”(1) es la influencia exorbitante del parlamentarismo sobre sus partidos políticos, incluso en los avanzados, como el nuestro y el Republicano. El que vive en el extranjero (y se encuentra fuera de cualquier ambiente apasionado) puede captar mejor y examinar este fenómeno característico de nuestra vida nacional. La constatación es sencilla y puede formularse de esta manera: En Italia la democracia es demasiado parlamentaria. En Italia toda la actividad política de las organizaciones subversivas, se orienta desde Montecitorio(2). Los partidos viven la vida ficticia de los grupos que los representan en los consensos legislativos. La democracia está empantanada porque no tiene iniciativas propias, y está constreñida a sostener las de individuos o grupos aislados, incluso cuando no se corresponden con las especiales necesidades del momento histórico. Todas las últimas agitaciones recibieron la consigna desde Montecitorio y cayeron, naturalmente, en saco roto.

Concretamente, fue con el primer ministro Giolitti cuando la democracia italiana fue absorbida por el parlamentarismo. Es bueno hacer la génesis de este proceso de degeneración. Cuando la izquierda constitucional se hizo con las riendas del gobierno, surgieron en la extrema izquierda y como reflejo, en el país, los poetas de las “libertades consolidadas” y los filosofastros de la “conservación de clase”. Ya la época de la reacción había pasado. Se abría un paréntesis… (¡Dulce eufemismo gramatical!). Seguir en el viejo método de la intransigencia, significaba no ver el cambio de los tiempos y dejar pasar el feliz experimento de un gobierno liberal. Los disparos a los “trogloditas” de la baja Italia eran “balas perdidas” frente a los 48 millones conquistados — ¡Gracias Giliotti!— dicen los campesinos de Mantua. El idilio reformista comenzaba.

Por el contrario, todos los problemas de nuestra vida nacional, estaban en la plataforma política, erizados de dificultades. La solución urgía. Y la extrema izquierda se puso manos a la obra. Los diputados socialistas dijeron: “¡trabajemos, que el país espera!”, pero quisieron decir: “¡legislemos!” Así al trabajo socialista de criticar, de azuzar, de controlar; fue sustituido por el trabajo burgués de las reformas, en el intento de dar a Italia una “legislación social”. La “legislomanía” se convirtió en una epidemia. Cada diputado socialista tenía su “proyecto de ley”. Se legisló sobre todo: sobre el divorcio y sobre el descanso en festivos; sobre el Ejército y sobre el trabajo de la mujer; sobre los problemas de la Italia meridional y sobre el reconocimiento de paternidad. Y todo esto, ante la completa indiferencia del proletariado.

Pero la fecundidad legislativa de nuestros diputados debía ser, pues, no solo inútil, sino también dañina. Para dar importancia a sus proyectos, para imponerlos en la discusión parlamentaria, se reconocía como necesaria una cierta presión popular.

De ahí las recientes campañas por el divorcio, por el descanso en festivos, por los gastos improductivos, etc. Una serie de agitaciones puramente verbales, sin ningún efecto inmediato, ni mediato; salvo la habituales ordenes del día… cuya eficacia es conocida. Estas campañas, ahora en favor de una ley, ahora a favor de otra, terminan por agotar y ni siquiera tienen la ventaja de promover la agitación del momento, cuando se trata del descanso en festivos o del divorcio (reformas); que solo muy indirectamente interesan al proletariado.

En este terreno la política parlamentaria socialista tenía que acabar por ser la política de cierta categoría de personas: funcionarios, tenderos, estanqueros, que forman el grueso electoral de los batallones reformistas. Para éstos, en ciertas pequeñas leyes se podía ceder a regañadientes, puesto que no arruinaban la propiedad privada y servían para asegurarse los futuros sufragios. Pero los grandes proyectos con los cuales nuestras señorías creían resolver los problemas de la Tercera Italia monárquica y clerical, tras la superficial agitación del país y la discusión vacía en Montecitorio, acabaron siendo benignamente acogidos por los ratones de los archivos.

La inconsistencia de la prueba debía abrir los ojos de la democracia. Ella debía dar las consignas a sus elegidos; no éstos a Ella. Zafarse de la aprisionante tutela del parlamento y de los legisladores, renovar sus energías, atesorarlas, limitándose a pocas agitaciones pero duraderas y profundas. En lugar de la gran “superficialidad” que caracteriza nuestra política, y nuestra democracia, que persiste e incluso se agrava.

Basta un simple incidente parlamentario para provocar un proyecto de ley y de agitación en el país. Tras el voto contra la propuesta Agnini, se habló de una campaña “por el sufragio universal”. Mañana una invectiva de Santini bastará para justificar cualquier “campaña”.

Y estas inocuas “campañas” que no responden a las necesidades reales del pueblo italiano, que repiten su origen en las ociosas discusiones de Montecitorio, conservan el parlamentarismo en las filas de la democracia y traban la iniciativa directa del proletariado.

De este estado de cosas, viene hecha mención en el primer punto del día de Brescia. La fracción revolucionaria del Partido Socialista debe imponerse, limitando la “legislomanía” y oxigenando a las fuerzas democráticas que se proponen como fin inmediato la supresión de los actuales ordenamientos políticos en Italia. Queda pues excluida de la democracia auténtica la radi-canalla ventricular y savoyesca(3) del congreso de Roma. El sacchismo(4) puede ser preponderantemente parlamentario, burocrático, gubernamental. Su “modernidad” es la genuina imagen del vacío. Puede escribir el desarrollo político de las “categorías”(5), porque no tiene un programa de clase.

Muy otro y más vasto es el deber de una democracia revolucionaria.

Losanna

MUSSOLINI BENITO



De L’Avvanguardia Socialista, N.83, 2 julio 1904



(1) Referencia de un artículo de Arturo Cabriola en Avanguardia NdelE

(2) Montecitorio es la sede del congreso de los diputados NdelT

(3) Orig. Radicanaglia ventricolare e sabauda. Típica mezcla de epítetos mussolinianos : los canallas del partido radical, pro monarquía de los Saboya NdelT

(4) Por Ettore Sacchi, ministro de justicia NdelT

(5) ver artículo siguiente
_________________
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo Visitar sitio web del autor
TerceraVia
Administrador


Registrado: 23 Ene 2008
Mensajes: 184

MensajePublicado: Vie Ene 25, 2008 3:41 am    Título del mensaje: Responder citando

En los textos siguientes, unos quince, la traducción es “menos” literal, para que la lectura sea más fluida, al ser textos estrictamente políticos.



LA VIRTUD DE LA ESPERA



La organización proletaria, si quiere vivir e imponerse, debe carecer de morbosas impulsividades.

La dinámica social es lenta en su marcha ascendente hacia formas más evolucionadas de vida por el hecho de la simultánea duplicidad fáctica de su obra: por un lado es necesario destruir todo un pasado de injusticias, por el otro urge preparar el advenimiento de un futuro mejor.

El actual orden de las cosas no se cambia de un golpe, como quisieran algunos utopistas, y como quisiéramos, por cierto, también nosotros, si no estuviésemos humanamente seguros de caer en el mundo de los sueños.

La civilización capitalista es la transformación operada, con el 89*, sobre la civilización medieval; como ésta es la transformación realizada por el cristianismo sobre la vieja civilización pagana. La burguesía ha surgido desde las ruinas del blasón, por la parte más activa de el Tercer Estado, como el socialismo ha surgido y surge por la mayoría inmensa de los expropiados representantes del trabajo, desde las ruinas (hasta hoy teóricas) de los ordenamientos político-sociales fundados sobre la propiedad individualista. Ruinas teóricas, he dicho, puesto que la crítica ha precedido y precede a la acción demoledora.

Ahora bien, un sistema que tiene raíces tan profundas, puesto que es el último traído por la Historia, no puede ser destruido por el trabajo de unos pocos años. Podéis con una carga de dinamita, hacer saltar en diez minutos, un conglomerado rocoso, aunque lleve siglos yaciendo; pero para hacer saltar un conglomerado de instituciones, exponente de una orientación sobrevenida del espíritu humano hacia unos principios dados (aunque sean falsos) es necesaria una reacción que equivalga, al menos, en potencia, si no es duración, al tiempo necesario, para alcanzar a aquel estadio de civilización que se reconoce infecundo al bien social.

Los trabajadores, así pues, que no se ilusionen. De una conquista parcial, no disfruten como de un triunfo definitivo, sino que la consideren en vez de eso, como el primer esfuerzo que templa la fe, como el primer paso del viaje predestinado. Y antes de aventurarse en luchas, que llevando a la derrota desaniman, no solo a los que han tenido que ceder, sino también a los otros que están esperando el éxito del combate, para sacar ellos mismos una enseñanza, antes de exponerse a la prueba de fuego. Midan los obreros todo el alcance de sus propias resoluciones.

La espera es la virtud de los fuertes. Sé bien que es difícil esperar cuando los estómagos sienten los calambres del ayuno; pero lo malo, es que un movimiento desesperado está condenado desde el principio, y mientras agrava el tormento de los forzosos ayunadores, aleja el momento de la victoria, así – lo repetimos – para aquellos que están en lucha, como para los que (y son muchos) antes de decidirse, se paran y miran lo que hacen los otros.

Busquen los trabajadores formar asociaciones potentes, en número y en conciencias, y los días de lucha no tardarán, pero la victoria solo sonreirá a los bien preparados.

Un veto, pues, a las impulsividades, especialmente a las que provienen de una falsa visión del como se debería desenvolver el conflicto entre las clases, hoy armadas la una contra la otra.

Preparémonos y preparemos. Nuestra espera no es estúpida como la del oriental, perpetuamente arrodillado ante su dios, sino que es la espera del que prepara pacientemente las fuerzas que le son necesarias para derrotar al enemigo.

BENITO MUSSOLINI



De L’Avvenire del Lavoratore, N. 162, 9 agosto 1902, VI. También publicado en La Giustizia, N. 832, 24 agosto 1902, XVI. (Por cierto, con 19 añitos, quien los pillara, recién cumplidos)



* 1789, Revolución francesa





DEMOCRACIA PARLAMENTARIA



Una de las causas por las que la democracia italiana “tiene callos y lleva gafas”(1) es la influencia exorbitante del parlamentarismo sobre sus partidos políticos, incluso en los avanzados, como el nuestro y el Republicano. El que vive en el extranjero (y se encuentra fuera de cualquier ambiente apasionado) puede captar mejor y examinar este fenómeno característico de nuestra vida nacional. La constatación es sencilla y puede formularse de esta manera: En Italia la democracia es demasiado parlamentaria. En Italia toda la actividad política de las organizaciones subversivas, se orienta desde Montecitorio(2). Los partidos viven la vida ficticia de los grupos que los representan en los consensos legislativos. La democracia está empantanada porque no tiene iniciativas propias, y está constreñida a sostener las de individuos o grupos aislados, incluso cuando no se corresponden con las especiales necesidades del momento histórico. Todas las últimas agitaciones recibieron la consigna desde Montecitorio y cayeron, naturalmente, en saco roto.

Concretamente, fue con el primer ministro Giolitti cuando la democracia italiana fue absorbida por el parlamentarismo. Es bueno hacer la génesis de este proceso de degeneración. Cuando la izquierda constitucional se hizo con las riendas del gobierno, surgieron en la extrema izquierda y como reflejo, en el país, los poetas de las “libertades consolidadas” y los filosofastros de la “conservación de clase”. Ya la época de la reacción había pasado. Se abría un paréntesis… (¡Dulce eufemismo gramatical!). Seguir en el viejo método de la intransigencia, significaba no ver el cambio de los tiempos y dejar pasar el feliz experimento de un gobierno liberal. Los disparos a los “trogloditas” de la baja Italia eran “balas perdidas” frente a los 48 millones conquistados — ¡Gracias Giliotti!— dicen los campesinos de Mantua. El idilio reformista comenzaba.

Por el contrario, todos los problemas de nuestra vida nacional, estaban en la plataforma política, erizados de dificultades. La solución urgía. Y la extrema izquierda se puso manos a la obra. Los diputados socialistas dijeron: “¡trabajemos, que el país espera!”, pero quisieron decir: “¡legislemos!” Así al trabajo socialista de criticar, de azuzar, de controlar; fue sustituido por el trabajo burgués de las reformas, en el intento de dar a Italia una “legislación social”. La “legislomanía” se convirtió en una epidemia. Cada diputado socialista tenía su “proyecto de ley”. Se legisló sobre todo: sobre el divorcio y sobre el descanso en festivos; sobre el Ejército y sobre el trabajo de la mujer; sobre los problemas de la Italia meridional y sobre el reconocimiento de paternidad. Y todo esto, ante la completa indiferencia del proletariado.

Pero la fecundidad legislativa de nuestros diputados debía ser, pues, no solo inútil, sino también dañina. Para dar importancia a sus proyectos, para imponerlos en la discusión parlamentaria, se reconocía como necesaria una cierta presión popular.

De ahí las recientes campañas por el divorcio, por el descanso en festivos, por los gastos improductivos, etc. Una serie de agitaciones puramente verbales, sin ningún efecto inmediato, ni mediato; salvo la habituales ordenes del día… cuya eficacia es conocida. Estas campañas, ahora en favor de una ley, ahora a favor de otra, terminan por agotar y ni siquiera tienen la ventaja de promover la agitación del momento, cuando se trata del descanso en festivos o del divorcio (reformas); que solo muy indirectamente interesan al proletariado.

En este terreno la política parlamentaria socialista tenía que acabar por ser la política de cierta categoría de personas: funcionarios, tenderos, estanqueros, que forman el grueso electoral de los batallones reformistas. Para éstos, en ciertas pequeñas leyes se podía ceder a regañadientes, puesto que no arruinaban la propiedad privada y servían para asegurarse los futuros sufragios. Pero los grandes proyectos con los cuales nuestras señorías creían resolver los problemas de la Tercera Italia monárquica y clerical, tras la superficial agitación del país y la discusión vacía en Montecitorio, acabaron siendo benignamente acogidos por los ratones de los archivos.

La inconsistencia de la prueba debía abrir los ojos de la democracia. Ella debía dar las consignas a sus elegidos; no éstos a Ella. Zafarse de la aprisionante tutela del parlamento y de los legisladores, renovar sus energías, atesorarlas, limitándose a pocas agitaciones pero duraderas y profundas. En lugar de la gran “superficialidad” que caracteriza nuestra política, y nuestra democracia, que persiste e incluso se agrava.

Basta un simple incidente parlamentario para provocar un proyecto de ley y de agitación en el país. Tras el voto contra la propuesta Agnini, se habló de una campaña “por el sufragio universal”. Mañana una invectiva de Santini bastará para justificar cualquier “campaña”.

Y estas inocuas “campañas” que no responden a las necesidades reales del pueblo italiano, que repiten su origen en las ociosas discusiones de Montecitorio, conservan el parlamentarismo en las filas de la democracia y traban la iniciativa directa del proletariado.

De este estado de cosas, viene hecha mención en el primer punto del día de Brescia. La fracción revolucionaria del Partido Socialista debe imponerse, limitando la “legislomanía” y oxigenando a las fuerzas democráticas que se proponen como fin inmediato la supresión de los actuales ordenamientos políticos en Italia. Queda pues excluida de la democracia auténtica la radi-canalla ventricular y savoyesca(3) del congreso de Roma. El sacchismo(4) puede ser preponderantemente parlamentario, burocrático, gubernamental. Su “modernidad” es la genuina imagen del vacío. Puede escribir el desarrollo político de las “categorías”(5), porque no tiene un programa de clase.

Muy otro y más vasto es el deber de una democracia revolucionaria.

Losanna

MUSSOLINI BENITO



De L’Avvanguardia Socialista, N.83, 2 julio 1904



(1) Referencia de un artículo de Arturo Cabriola en Avanguardia NdelE

(2) Montecitorio es la sede del congreso de los diputados NdelT

(3) Orig. Radicanaglia ventricolare e sabauda. Típica mezcla de epítetos mussolinianos : los canallas del partido radical, pro monarquía de los Saboya NdelT

(4) Por Ettore Sacchi, ministro de justicia NdelT

(5) ver artículo siguiente
_________________
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo Visitar sitio web del autor
TerceraVia
Administrador


Registrado: 23 Ene 2008
Mensajes: 184

MensajePublicado: Vie Ene 25, 2008 3:42 am    Título del mensaje: Responder citando

SOCIALISMO Y SOCIALISTAS

I

Leonardo da Vinci, el espíritu multiforme y maravilloso que expresa todo el Renacimiento en una síntesis de belleza y de fuerza. Leonardo da Vinci afirmaba que para amar una idea es preciso conocerla. Para amar el socialismo no basta la superficial profesión de fe de muchos compañeros, para amar el socialismo es preciso conocerlo, estudiarlo, seguirlo en sus manifestaciones prácticas, en sus posicionamientos doctrinales; para amar el socialismo es preciso vivir a través de su vida.

Creer por un acto sentimental, significa tener una fe religiosa; creer por un acto volitivo y razonado, significa tener la fe de los espíritus libres, la fe consciente no es propia de ilusos, ni se miente a sí misma o a otros. Es necesario tender a hacer del socialismo una fe razonada. Los tiempos nos parecen maduros. La desazón generalizada de todos los partidos socialistas no proviene sólo de las deficiencias contrastadas en la doctrina o en las incoherencias de la actividad práctica; hay una causa de orden moral sobre la cual reclamamos la atención de los lectores: el socialismo ha sido demasiado creído y poco explicado.

Muchos de los que hoy hacen una cómoda profesión de escepticismo, todos los “descreídos” que se retiran sobre el Aventino en cuanto llegan a constatar que una huelga ha fracasado, que un consejo municipal no funciona, que un “jefe socialista” no sigue las reglas del Galateo(1) subversivo – los nuevos filisteos de nuestro movimiento han bebido el socialismo en grandes dosis: han “creído demasiado” con la fe ciega y dogmática de todos los religiosos; y los fáciles entusiasmos de los primeros tiempos, necesariamente debían conducir a la crisis actual. No. Creer no basta, es preciso razonar. A los que nos gritan: “¡Creed!”, nosotros les respondemos: “¡Demostrad!”. Espíritus inquietos e inquisitivos, nosotros arrojamos las ideas –todas las ideas- en nuestra fragua intelectual y del mazacote impuro, por medio del áspero esfuerzo y la llama purificadora de nuestra pasión, surge la idea liberada de todos los elementos heterogéneos; la idea que amamos y por la cual estamos dispuestos a cualquier sacrificio, sin miedos y sin lamentos. El socialismo lo comprendemos y lo amamos así. Lo queremos despojar de todo el romanticismo humanitario y cristiano y del simplismo de los pequeño-burgueses reformistas; dejamos a los poetas las imaginarias reconstrucciones sociales del futuro; desterrado de nuestra noción socialista todo lo que es superfluo, vago, indeterminado, arbitrario y que no resiste al golpe de la crítica.(2)

Esta dura tarea de selección de lo que está vivo y de lo que está muerto, nos conduce a la noción “dinámica” de socialismo. El socialismo “deviene”. Hoy es una sucesiva, gradual y consciente acumulación de fuerza en el seno de la clase proletaria, mañana será la manifestación creadora de esta fuerza en la realización histórica de nuevas relaciones sociales, que marcarán la definitiva desaparición de la explotación del hombre por el hombre.

II

Pero antes de ir más allá queremos preguntar a todos los grandes y pequeños denigradores del movimiento socialista, a todos los que no saben o no quieren distinguir socialismo de partido socialista, a todos los superficiales plumillas mercenarios que a cada crisis del hombre cantan las exequias de sus ideas: ¿Dónde ha habido en estos veinte siglos de cristianismo, un movimiento de ideas comparable al socialismo?

¿En el protestantismo, quizás? Es una reforma religiosa y su acción se limita a los pueblos anglo-sajones.

¿En el iluminismo de A. Weishaupt? Su influencia no sobrepasa los límites de una secta.

¿En el enciclopedismo que precede a la revolución francesa? Es el evangelio político de una clase, que necesita demoler clero y nobleza para sustituir la antigua, por una nueva forma de opresión económica y espiritual.

¿En el liberalismo económico y político de la primera mitad del siglo pasado? Termina en una producción literaria que ha vivido en libros, hoy olvidados.

¿En la unidad de las patrias? Problema que no ha conmocionado o lo ha hecho en poca medida a las masas de campesinos.

¿En la Democracia, en la República? Un comercio al por menor, según la aguda definición de Ibsen.

Tras el cristianismo, podemos afirmar que el socialismo es el único movimiento universal de ideas. El socialismo ha penetrado en todos los pueblos de la Tierra, es el alma del pensamiento contemporáneo, en sus más geniales manifestaciones filosóficas y artísticas, ha invadido los libros, el teatro, la calle…; ha rehabilitado al hombre, sustituyendo el concepto evangélico de la renuncia, por el concepto revolucionario de la conquista, el de la lucha por la vida, por el acuerdo para la vida; ha demolido la noción de una “providencia” ultraterrena, y de un “privilegio” terrenal. El socialismo es la inevitable negación de la burguesía, es el anticristo para el Papa Sarto, la oscura amenaza para Disraeli, la preocupación de los gobiernos. ¡Es la única, la grande, la luminosa esperanza de todos los oprimidos!

¡Oh, innumerables escritores de toda la prensa canallesca, nos parecéis microbios cuando nos habláis del fin del socialismo!

III

Demostrado que el socialismo tiene en sí mismo las razones de su propia vitalidad, abarcaremos tres elementos de la noción de socialismo: un elemento doctrinal, uno práctico y uno ideal. Teoría, acción, fin.

Este criterio que nos parece exacto, nos servirá en los próximos artículos para estudiar las tendencias del socialismo contemporáneo, con el fin de sustituir la fe sentimental por la fe razonada, la fe que ni se exalta ni se envilece.

Nos ponemos manos a la obra con ánimo alegre. A vosotros compañeros, os decimos una sola cosa: ¡Seguidnos y meditad!

VERO ERETICO

De la lima, N. 19, 16 mayo, 1908, XVI

(1) El Galateo overo de costumi (1550) de Giovanni della Casa, es un famoso tratado de modales y buena conducta. NdelT.

(2) la frase “resistir al golpe de la crítica” me recuerda bastante a esta otra: “todo lo que puede romperse, hay que romperlo; lo que aguante el golpe, será bueno; lo que estalle, será bueno para la basura. En todo caso, hay que dar golpes a derecha y a izquierda: de ello no puede resultar nada malo.” Dimitri Ivanovich Pisarev, uno de los nihilistas rusos muy relacionado con Bakunin y conocido a través de Malatesta en Italia. NdelT.



SOCIALISMO Y SOCIALISTAS

I

En el artículo introductorio publicado en La Lima del 16 de mayo, hemos establecido que tres elementos concurren para formar la noción de socialismo: Un elemento doctrinal, uno práctico y uno ideal. Hoy nos ocuparemos del primero.

Es en Francia, donde encontramos a finales del siglo XVIII y principios del XIX una especie de literatura socialista. Ya los escritores de la Enciclopedia nos insinúan nuevas doctrinas económicas junto a bizarros planes de regeneración social. Jaurès en el primer volumen de su Histoire Socialiste sitúa a Barnave, un representante del Tercer Estado, entre los precursores directos de Marx.

Juan Jacobo Rousseau ataca el principio de propiedad privada, declarándola causa de la infelicidad de los hombres, y preconiza el retorno a la sociedad natural. Caio Gracco Baboeuf intenta en 1796 con la Conspiración de los Iguales crear un apéndice comunista a la revolución francesa, pero la burguesía que el 14 de junio de 1791 había votado la ley Chapelier, contra las coaliciones obreras, manda a Baboeuf a la guillotina y desperdiga a sus seguidores.

En todos los escritores de aquella época, notamos la preocupación por la cuestión social. No obstante falta la doctrina completa, armónica y sintética que se remonte a las verdaderas causas del malestar general e indique los medios para la liberación. Solo con la difusión del sistema de producción capitalista, solo cuando la burguesía ha alcanzado el dominio incontestable del mundo y esconde en las sombras a las clases que le habían precedido; solo entonces, las teorías de los innovadores dejan el puesto a concepciones doctrinales que toman los movimientos de la realidad de las nuevas relaciones económicas.

Carlos Marx es el más grande teórico del Socialismo. De él hemos hablado en el 25º aniversario de su muerte (Lima, 14 marzo, c.a). El marxismo es la doctrina científica de la revolución de clase, es la crítica a la economía que se convierte en conciencia de la propia fuerza por parte de los trabajadores, es la primera proclamación de la ciencia y de la voluntad de proletariado, el cual “inicia su conquista del mundo económico y se libera de la condición de tener que trabajar a las órdenes y para el beneficio de otros hombres. Admitimos con los “críticos socialistas” de Marx que algunas nociones de su economía son erradas, pero no nos unimos al coro equívoco de los que proclaman la bancarrota total del marxismo. En otro lugar hemos dicho el porque (ver Lima del 14 marzo).

II

Es solo con el advenimiento del capitalismo, que se hace posible el nacimiento y el desarrollo de una literatura socialista. ¿Cuáles serán las características? Ante todo la descripción técnica y analítica del nuevo modo de producción económica, y el estudio de sus consecuencias políticas y morales. Engels nos ha dejado una obra de gran valor: La condición de las clases trabajadoras en Inglaterra que pertenece, como también buena parte de El Capital, a este primer momento de la literatura socialista. De la constatación del nuevo orden de las cosas, los pensadores socialistas se dirigen a las causas, para después indicar los remedios y los medios para llevarlos a cabo. Surgen los sistemas socialistas – el ideal – el socialismo y los resultados de la indagación doctrinal pasan a ser de dominio del proletariado, que debe “negar” la sociedad burguesa. Los obreros tienen un vago concepto de su misión, de su importancia y sobretodo de su fuerza. Sienten estar explotados, pero no se explican ni como ni porqué. Es el pensamiento socialista, que a través del periódico, del opúsculo y del libro, desciende entre las grandes aglomeraciones de proletarios y les hace conscientes de su derecho. Es el pensamiento socialista que tras haber fijado las leyes del desarrollo de la burguesía, demuestra lo ineludible del triunfo de la clase trabajadora. Es el pensamiento socialista quien da un alma a los oprimidos y determina nuevas concepciones ideales y como consecuencia una distinta conducta práctica. Es el pensamiento socialista el que pone la ciencia en contacto directo con el mundo del trabajo y eleva el nivel general de la cultura. Dicho esto, invitamos a los muñidores del anti-intelectualismo a leer bien atentamente el discurso pronunciado por Ferdinando Lasalle poco tiempo antes de su muerte en la “Asociación general de obreros alemanes”.

III

Las naciones que han contribuido principalmente a la formación de una literatura doctrinal son: Francia, Alemania e Inglaterra. Y se comprende fácilmente, en el caso de que se piense, que en estas naciones, el capitalismo con su tipo de sociedad industrio-bancaria cuenta ya con un siglo de vida.

Italia ha dado poquísimo. El libro Cincuenta años de socialismo ha sido escrito por un abogado con evidente interés editorial y El Capital – obra máxima de la economía marxista- ha sido vulgarizado por un poeta. La absoluta falta, o casi, de cultura socialista nos explica la superficialidad de nuestra conducta como partido. Se engañan los “prácticos” que no atribuyen importancia alguna al elemento teórico-doctrinal en la vida del socialismo. Es la cultura, es su máxima difusión la que debe preparar la nueva alma, es la cultura la que nos dará el elemento humano capaz de elevarse de la vida animalizada de todos los días, capaz de comprender la belleza de una idea y de interesarse por los grandes problemas. La influencia de la literatura socialista será aún mayor, cuando el obrero se dirija al libro como a un amigo fiel y buscará alcanzar la elevación de la propia inteligencia y la liberación de la esclavitud del espíritu. Es con este esfuerzo, querido y consciente, con el que la clase trabajadora marcará una nueva y luminosa época en la historia del género humano.

VERO ERETICO

De La Lima, N. 21, 30 mayo 1908, XVI
_________________
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo Visitar sitio web del autor
TerceraVia
Administrador


Registrado: 23 Ene 2008
Mensajes: 184

MensajePublicado: Vie Ene 25, 2008 3:43 am    Título del mensaje: Responder citando

¿TIENE EL PROLETARIADO UN INTERÉS EN LA CONSERVACIÓN DE LAS PATRIAS ACTUALES?*



(1)Mussolini inicia; admitiendo que el problema de la patria hoy es uno de los más graves y angustiosos, entre todos los que se presentan a la conciencia socialista. Pero también que hace falta forzarse y llegar a negaciones extremas, que no admiten equívocos. Está de acuerdo con Piscel en que la patria es el más alto organismo colectivo al cual hemos llegado los grupos étnicos civilizados. Admite que sobre el amor a la patria, considerado como sentimiento es inútil discutir. Pero por el contrario es útil discutir sobre el concepto de patria y exclusivamente desde el punto de vista socialista. Mussolini pregunta: ¿la burguesía tiene patria? No, en el campo de la economía la actividad capitalista ha vulnerado las fronteras e impuesto por doquier su modo de producción y en el campo de la cultura ya se ha producido hace tiempo la internacionalización del pensamiento.

Los artistas, los curas y los filósofos han abolido las patrias; así como los fabricantes, los mercaderes y los especuladores. ¿Qué es la patria para estos últimos? El país donde poder enriquecerse. ¿Por quién está representada su patria? Por el ejército. En la concepción burguesa, patria y militarismo son la misma cosa. El patriotismo socialista es equívoco. Los obreros no tienen nada que defender. ¿La propiedad? no tienen. ¿La cultura? muchos no vieron ni siquiera una escuela. ¿La historia? es patrimonio de la clase culta. ¿Por qué los obreros, que de la patria no reciben nada, deben todo a la patria? ¿Dinero, sangre y vida? Muchos individuos renuncian hoy a la patria. Los burgueses de todas las naciones cuando quieren divertirse se establecen en París; cuando se proponen enriquecerse van a Nueva Cork; los obreros después son los que venden sus brazos en los mercados de todo el mundo. La industria, el comercio, los inventos científicos, las asambleas políticas y por último las organizaciones obreras abaten las fronteras.

Ahora bien, éstas deben existir, solo porque una casta de parásitos tiene que hacer manejar armas de exterminio. Los primeros en abolir la patria han sido los burgueses. El patriotismo es un fetiche. La burguesía ofreció a las masas un primer fetiche: el parlamentarismo. Ahora que este dios llega a su ocaso, he aquí otro fetiche: el patriotismo. Pero ya en vano, porque el proletariado es antipatriótico por definición y por necesidad.

Queda el caso de una guerra. En esta eventualidad los socialistas tienen un solo deber: “la guerra en la frontera debe ser la señal para la huelga general, la insurrección y la guerra civil en el interior. Peor para las instituciones burguesas. Los socialistas no deben preocuparse en lo más mínimo”.

Así los cristianos deseaban la derrota a los ejércitos de Roma y preparaban el desmembramiento del Imperio. Los socialistas no deben temer el proclamarse bárbaros. Ellos no tienen patria. La patria, conceptualmente, siempre ha sido negada: de los estoicos que proclamaban al hombre ciudadano del universo, a Cristo, que quiso extendido su reino a todos los hombres; de los humanistas a nosotros.

Para superar hay que negar. La Nación ha negado al Señorío, el Señorío al Burgo, el Burgo al Feudo, el Feudo y la Iglesia al Imperio, la Humanidad niega la Nación, dilatándola hasta los confines del mundo. (El discurso de Mussolini, conciso, compacto, quizá un poco demasiado elevado, deja una profunda impresión. El compañero Piscel replica, haciendo una hipótesis. En ese momento interviene el compañero Ambrosi y añade algunas últimas palabras, Mussolini)



* Resumen de la conferencia pronunciada en Trento en la sede de la Cámara del Trabajo, el 25 junio de 1909, durante una discusión entre algunos adheridos a la liga por la cultura social. Antes de Mussolini había hablado el abogado Antonio Piscel. (En L’Avvenire del Lavoratore, N.26, 1 julio 1909)

(1) Se respeta la cursiva del original NdT.





LA COMUNA DE PARÍS 18 MARZO- 24 MAYO 1871



“¡La Revolución ha muerto, viva la Revolución!”. Con estas palabras, Carlos Marx saludaba la agonía y el ocaso de la primera y sangrienta insurrección proletaria. El agitador de Tréveris había evaluado toda la importancia histórica de la Comuna. Bien podían los filósofos de las cátedras, los periodistas de los fondos reservados, los patriotas nacionalistas, los timoratos hombres bien pensantes, los sostenedores de la “moral”; vilipendiar a los obreros de París; pero del inmanente sacrificio surgió la república de Francia, la República que en nuestros días ha podido debilitar el militarismo y dispersar a la “Congregación”.

No podemos decir cuales hayan sido las causas principales del fabuloso movimiento. Junto a motivos ideológicos, como el patriotismo del pueblo de París, había necesidades materiales como la “ley sobre vencimientos”(1) que había golpeado a miles y miles de personas; junto a la predicación del socialismo (recordemos que Proudhon murió en 1868), los horrores de la carestía y del asedio exasperaban a la población de los suburbios; las infamias del Imperio (golpe de estado el 1 y 2 de diciembre de 1851, guerra desastrosa del 70, reaccionarismo político) habían suscitado toda la cólera; tras la última ruina, París sentía la necesidad material de la insurrección por la defensa de su dignidad pisoteada, primero por los Bonaparte y amenazada ahora por la República de Thiers, Favre y compañía.

El golpe intentado la noche del 17 al 18 de marzo, con el cual los compañeros republicanos tenían como objetivo apoderarse de los cañones situados en las colinas de Montmartre, no fue más que el detonante, la chispa iniciadora del incendio. El pueblo despertado por la “generala” remató el ataque nocturno, dispersó a los gendarmes, bajó hacia los barrios del centro y constriñó a Thiers y a sus empleados a huir a Versalles. ¡París era libre! Y esa primera jornada revolucionaria no produjo víctimas, con excepción de dos generales, Lecomte y Thomas, bien conocidos por la muchedumbre por su ferocidad militarista.

Las elecciones del 26 de marzo confirmaron el autogobierno de París, y la Comuna fue proclamada. Los hombres que la dirigían, salidos del pueblo, revelaron tener todas las capacidades para administrar la cosa pública, aunque no estuviesen titulados por las academias de la burguesía. El primer periodo de la Comuna fue legislativo. Se votaron muchas normas de índole administrativa, social y militar. Citamos: abolición del reclutamiento forzoso; separación Iglesia-Estado, con desamortizaciones en favor de la Comuna(2); prohibición del pluriempleo; abolición del procedimiento penal ordinario; asignación de las industrias abandonadas a las asociaciones obreras; aumento de sueldo a los maestros; demolición de la columna Vendôme(3); abolición de las multas y retenciones en empresas; supresión del juramento político y profesional; apertura en cada oficina municipal de un registro de solicitud y oferta de empleo; supresión del turno de noche en los hornos.

Tras la declaración de guerra civil por parte de los versalleses, muchos de los decretos votados por la Comuna quedaron en papel mojado. Las necesidades militares absorbieron todas las energías. Del 2 de abril hasta la última semana de mayo, se libró la desigual batalla, desigual, porqué los versalleses disponían de un ejército regular, aguerrido y más numeroso, mientras que París era defendida por voluntarios capaces de un gran heroísmo, pero intolerantes, por sus propias convicciones políticas, a la disciplina militar. De nada sirvieron los intentos de conciliación (memorable entre otros, el desarrollado en las logias parisinas de la Masonería Universal) La asamblea de Versalles tenía sed de sangre, Thiers gritaba: “¡Matad a los lobos, a las lobas y a los lobeznos! ¡Abandonaos al exterminio, soldados del orden! ¡Dad un ejemplo a la vil plebe, un saludable y sangriento ejemplo!”

Del 23 al 29 de mayo se intentó por los Comuneros la defensa extrema dentro de París. Los versalleses salvaron las barricadas, luego de haber matado a todos los defensores y entonces se asistió a la mayor masacre orgiástica, que recuerde la historia. La reacción de las clases pudientes romanas contra los supervivientes de los esclavos, que habían seguido a Espartaco, reacción que culminó con la crucifixión de 6000 esclavos a lo largo de la vía Appia; las feroces represiones medievales de los Faques y de los campesinos de Westfalia (1525- 1535-36); las horribles cuatro jornadas de junio de 1848, no se prestan más que someramente a la comparación con la salvaje barbarie de los defensores del orden de 1871. No solo se fusilaron en masa a los hombres sorprendidos con armas en la mano o de alguna manera sospechosos, sino que no se detuvieron ante los viejos y las mujeres, ¡no se tuvo piedad de los niños! Y los que pudieron huir de la masacre, conocieron la prolongada agonía de los trabajos forzados. Así la Comuna murió ahogada en sangre.

Sangre fecunda, sangre que nos es sagrada. El mejor modo de conmemorar la Comuna, es el de recoger las enseñanzas, prolongar su eficacia histórica, demostrar que, a pesar de la pequeña vileza del hoy, queremos que los 36000 obreros caídos defendiendo la Comuna no queden sin venganza.

BENITO MUSSOLINI



En L’Avvenire del Lavoratore, N.12, 27 marzo 1909, V. Publicado también en Lotta di Classe, N.11, 19 marzo 1910

(1) Orig. “legge sulle scadenze” NdT.

(2) Orig. confisca a vantaggio della Comune dei beni di mano morta NdT

(3) Columna erigida por Napoleón, a imagen de la de Trajano y derribada por los comuneros por su simbología militarista







RIÑA DOMÉSTICA, LA “SENSIBILIDAD” SOCIALISTA*



Este escrito es una respuesta de B. Mussolini, a una carta abierta que le fue dirigida “al amigo Benito Mussolini” por G.M. (con toda probabilidad Giulio Magni) Nota del Autor.



El partido socialista no es una fraternidad cuyos miembros estén perpetuamente sometidos a una regla inmutable, ni este periódico es una cátedra reservada solo a mí y a mi noción del socialismo. Este periódico es una palestra libre para todos los compañeros que tienen ideas que exponer, conformes o no a las mías.

Ajeno al reconocimiento de dogmas y a la obediencia a pontífices, discuto y acepto la discusión. Por ello ofrezco hospitalidad al artículo de G. M. en respuesta al mío y me permito acompañarlo de alguna nota. Pronuncié en Voltre palabras de simpatía hacia el que lanzó una bomba en el teatro Colón(1) (escribí en el periódico que la primera respuesta a la violencia gubernamental de la República Argentina había llegado).

Algunos, no todo un ala, socialistas han encontrado mis propuestas heréticas. Nada sorprendente.

Quien piensa y estudia siempre corre el riesgo de pecar de herejía. Remaché el clavo con el artículo llamado “sensibilidad”. G.M., tocado, responde; ya vemos como.

Yo no he acusado a todos los socialistas de permanecer impasibles ante las desventuras del proletariado.

He dicho, que muchos socialistas se conmueven más a gusto por las desventuras de la clase burguesa, que por las de la clase proletaria. Pero los burgueses no tienen piedad de nuestras víctimas. Ni se me ha pasado por la cabeza pretender que a cada “acto brutal de la burguesía se deba llevar más carne al matadero, por el gusto de un gesto heroico”.

Si estuviésemos en grado de aplicar en nuestras relaciones con la burguesía la buena Ley del Desierto: ¡ojo por ojo y diente por diente! Quizá la burguesía se adviniese a razones. Pero en el caso que ha originado la actual riña no se trata de “un” acto brutal. Se trata de una reacción que no tiene precedentes. Se trata de una burguesía republicana que ha inaugurado un terrible régimen de violencia y ha arrojado fuera de la ley a todos los revolucionarios.

Y si entre estos surge un individuo, que quiere responder con un gesto personal suyo a la reacción gubernamental, ¿debemos, justo nosotros, los socialistas, ser los primeros en maldecirlo, ¿debemos confundir, también nosotros, nuestra voz en el coro de la universal execración burguesa y policial?

Qué va: nosotros debemos, en lugar de eso, comprender y explicarnos el hecho: debemos decirnos que la culpa es del Gobierno, puesto que cuando se siembran vientos se recogen tempestades.

No admitimos la acción individual como sistema, pero la comprendemos y justificamos caso por caso.

Pablo Iglesias, diputado socialista español, ¿acaso recientemente, no ha hecho, en plena Cámara, apología del atentado individual? ¿también él, pertenece al grupo de los cultivadores de un idealismo reservado a la historia?

Y si el idealismo de los Comuneros ha pasado a la historia, ¿esta Historia no debe enseñarnos nada?

¿De qué manera Thiers pagó el idealismo de los Comuneros? Masacrándolos por miles.

Los dos párrafos de la respuesta de G.M., que comienzan con las palabras “nuestra fe” y terminan con “pagado con la misma moneda” son tan vagos e imprecisos que no dan nada a lo que asirse para responder. Con la misma imprecisión empieza el párrafo que sigue a continuación y que acaba afirmando: “que nuestra sociedad no debe fundarse sobre las ruinas sanguinolientas de otra. La historia nos da de ello muchas enseñanzas”. ¡Ah sí! Muchísimas enseñanzas nos da la historia y todas confirman mis previsiones de que el paso de la sociedad burguesa a la nuestra no llegará entre el “vino y rosas” general, como se quiere hacer creer. Ya hoy, la competitividad económica provoca víctimas. ¿Se piensa pues, que la burguesía se dejará expropiar sin resistencia?

¿Desde cuándo una clase se ha “resignado” a desaparecer? En vez de eso la burguesía se prepara, por un lado a una resistencia personal, mientras que por el otro, absorbe y se zampa el socialismo de aquellos que no se han quedado en el socialismo primitivo, pero que han llegado a un socialismo tan revisado y correcto(2) que no desdeña las reverencias ante el rey.

Es curiosa otra constatación de G.M.

Cuando, él dice, las masas proletarias habrán alcanzado su grado de potencialidad política y económica, cuando la burguesía ya no podrá ni fusilar ni matar de hambre.

¡Muchas gracias! Ésta es una verdad de Perogrullo. Cuando las masas habrán alcanzado el grado…, etc. La burguesía habrá cesado de fusilar, por la sencilla razón de que habrá cesado de existir y de dominar.

G.M. continúa diciendo que la organización es la única vía. Y estamos de acuerdo. Pero debemos explicarnos sobre esta organización. Porqué hoy también los curas constituyen organizaciones y también los policías se unen en ligas. ¿A dónde queremos llegar con nuestra organización? ¿Qué carácter debe tener? ¿A qué enemigo debe combatir? ¿Qué armas debe adoptar? ¿Y la organización política debe, quizá marcar el paso, junto con la organización económica o en lugar de eso, no debe variar en sus posturas y en sus medios?

Que el socialismo de hoy sea bien distinto del que yo sueño, lo admito; pero que se distinga al menos, entre socialismo-idea y Partido Socialista. Ya sé que ha sido revisado y corregido.

¡Incluso demasiado!, ¡Incluso demasiado! Tan revisado y corregido que ya no asusta a nadie y la burguesía bromea y canta la canción de cuna al viejo león que ya no tiene dientes, que ya no tiene garras, que ya no ruge sino que bala. ¡Que le vayan dando, al socialismo revisado y corregido!(3) Si lo corrigen un poco más, ya no se distinguirá del humanitarismo de los burgueses inteligentes, representados hoy en Italia por Luzzatti, ante el cual se postran los socialistas muy revisados y muy correctos del Parlamento italiano.

En el final, G.M. vuelve a la bomba.

Y es el momento, puesto que se trata justo de bombas. Él distingue entre acto individual dirigido contra un exponente, de aquél dirigido contra una masa. Pero en el teatro Colón, en aquella famosa velada de gala, todos eran los exponentes de la reacción gubernamental. ¿Persona vil el que la lanzó, sólo porque se dispersó entre la muchedumbre? ¿Pero no intentó también esconderse, Felice Orsini(4)? ¿Y los terroristas rusos no intentan huir del arresto, después de dar el golpe?

¿”Héroes locos” los que ejecutan una acción individual? Héroes, casi siempre; pero locos, casi nunca. ¿Loco, Angiolillo? ¿Loco, Bresci? ¿Loca, Sofía Perovskaja? ¡Ah, no!, su comportamiento arrancó líneas de admiración a periodistas burgueses de gran inteligencia, como Rastignac. No nos situemos, juzgando a estos hombres y sus acciones, al mismo nivel que la mentalidad burguesa y policial.

Y no arrojemos, nosotros socialistas, las piedras de nuestra propia lapidación. En vez de eso, reconozcamos que también las acciones individuales tienen su valor y que alguna vez marcan el comienzo de profundas transformaciones sociales.

Me doy cuenta de haber sido un poco largo, pero el tema es digno de ser tratado ampliamente. Felicitémonos (para acabar) de que terminen las revisiones y las correcciones al socialismo.

El socialismo debe permanecer como algo terrible, grave y sublime.

Solo a este precio podrá realizar las esperanzas del proletariado. El socialismo revisado es la cucaña de los politicastros y de los débiles.

b. m.



PD. No necesito decir que si la mayoría de los socialistas federados en torno a este periódico se pronunciase favorable al socialismo revisado y correcto, marca G.M. Yo me iría enseguida con los que hacen socialismo no revisado, ni corregido sino incorrectísimo.

Esto, por lo demás, se verá en el próximo congreso.



En Lotta di Classe, N.28, 16 julio 1910.

(1) Atentado anarquista en el Teatro Colón de Buenos Aires el 26 junio de 1910, con solo heridas leves a un espectador.

(2) Orig. corretto , en italiano significa tanto “correcto” = políticamente correcto, como “corregido”; en todo el texto el autor juega con la polisemia del término. NdeT.

(3) Orig. Accidenti al socialismo riveduto e corretto! NdeT
(4) Felice Orsini: independentista italiano que intentó asesinar con una bomba a Napoleón III en 1958. Michele Angiolillo; anarquista italiano que en 1896 mató a Antonio Cánovas del Castillo de un tiro en Mondragón.Gaetano Bresci: anarquista italiano, mató al rey Humberto de Savoia de tres tiros en 1900. Sophia Perovskaia: revolucionaria rusa que preparó entre 1979-81 varios atentados contra el zar Alejandro II
_________________
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo Visitar sitio web del autor
TerceraVia
Administrador


Registrado: 23 Ene 2008
Mensajes: 184

MensajePublicado: Vie Ene 25, 2008 3:43 am    Título del mensaje: Responder citando

LA HUELGA GENERAL Y LA VIOLENCIA (1)



I

Este volumen que la casa editorial Laterza de Bari publicó hace poco, no añade mucho al renombre de Jorge Sorel, no obstante es una notable contribución a la literatura sindical contemporánea. Jorge Sorel pertenece a la exigua lista de los escritores que se leen con gusto. Como dije en otra ocasión (2), no presenta a nuestro entendimiento “sistemas” doctrinales perfectos, sino que agita “problemas” que nos fuerzan a pensar y convierten nuestra posición de espectadores en la de “actores”.

He conocido a Sorel en “Ruine du Monde Antique” Confieso que la lectura me fue poco útil. Acostumbrado a los manuales doctamente ordenados según los preceptos de la geometría pedagógica y de la topografía escolástica, aquel volumen que tiene en el fondo de cada página docenas de llamadas, de notas bibliográficas, de apostillas; aquel volumen que como todas las obras sorelianas (exceptuando, quizá “L’introduction a l’Economie Moderne”) parece carecer de nexo coordinador, arrojó un poco de desasosiego en mis costumbres espirituales. Fue cosa de un momento, las lecturas sucesivas me familiarizaron con el pensamiento y la forma de Sorel y lo más importante, esto ocurrió con una parte de mi colaboración personal. Como en la música vagneriana (hay) un hilo melódico, así como en la obra de Sorel hay un nexo lógico, solo hay que descubrirlo.

El último volumen del que me ocupo y que Sarno ha traducido fielmente, es precedido por una introducción de Benedetto Croce. Es patente el parentesco espiritual entre Croce y Sorel. Ya no es el caso de indagar si coinciden en cuanto a sus construcciones doctrinales; hay más bien entre ellos una afinidad de hábitos. El filósofo abruzcense, como el ingeniero parisino de puentes y caminos es un investigador que explora vías no habituales: ambos ignoran los términos medios, las sabias manipulaciones verbales, la alquimia del pensamiento y uno y otro manifiestan el mismo deseo de claridad, de sinceridad, de honestidad en la búsqueda: ambos confrontan tanto el positivismo superficial, como la nebulosidad metafísica; los dos enseñan a los hombres que la vida es lucha, sacrificio y conquista. Un continuo “superarse a uno mismo”.



II



El volumen se abre con la siguiente delicadísima dedicatoria (3): “A la memoria de la compañera de mi juventud, totalmente inspirado por su espíritu”



Después sigue una carta introductoria dirigida a Daniel Halévy, un prefacio a la primera edición francesa. En la carta a Halévy, Sorel declara:

“Yo no soy ni profesor, ni vulgarizador ni aspirante a jefe de partido; soy un autodidacta que ofrece a algunas personas los cuadernos que han servido para su propia instrucción. Durante veinte años he procurado liberarme de lo que había asimilado en mi educación. He paseado mi curiosidad a través de los libros, desde hace quince años me esfuerzo verdaderamente por aprender; mas no he encontrados personas que me enseñen lo que quiero saber. Me ha sido preciso convertirme en mi propio maestro y de alguna manera asistir a mis propias clases.”



Y en la página ocho, Sorel revela la tarea que se ha propuesto:

“Mi ambición es la de poder despertar, a veces, algunas vocaciones. En el alma de todo hombre quizá exista un hogar metafísico que permanece oculto bajo la ceniza, y que está más amenazado de extinguirse cuanto más el espíritu ha recibido ciegamente una gran cantidad de doctrinas ya elaboradas; el evocador es el que sopla esas cenizas y hace brotar la llama”



En esta lectura introductoria Sorel desarrolla la teoría de “los mitos” en relación al mito de la huelga general proletaria. Según Sorel, si las grandes ideas han triunfado en el mundo se debe a que han actuado en el ánimo de las masas como mitos; es decir como representación de la acción bajo la forma de batallas de las que saldrá el triunfo de la propia causa. El mito cristiano fue la Apocalipsis con la derrota definitiva de Satanás; mito el de la reforma; mito el de la Revolución francesa; el de los seguidores de Manzini.(4) La Joven Italia fundada por el gran exiliado genovés actuó sobre el ánimo de los italianos como un mito representativo que les empujaba a conspiraciones y batallas. Así, el mito de la huelga general considerado como la batalla suprema, da al obrero la fuerza para llevar a cabo la revolución. Aquellos que se oponen al mito declarándolo utópico olvidan que en todos los mitos está la utopía, pero “en los actuales mitos revolucionarios apenas falta. El presente mito empuja a los hombres a prepararse para la destrucción de lo que existe, la utopía tiene como efecto dirigir los espíritus hacia reformas factibles, destrozando el sistema”.

El socialismo no es “utopía”, es la preparación de las masas productoras que quieren suprimir el Estado y la propiedad. Ya no se trata de saber cómo se organizarán los hombres para disfrutar de la futura felicidad: todo se reduce al “elemento revolucionario del proletariado” con vistas a una obra gigantesca.



III



Para que el socialismo no se corrompa es necesario que no se convierta en sinónimo de “democracia”, es necesario en definitiva, que rinda cada vez más profundo el abismo entre burguesía y proletariado, ese abismo que la democracia quisiera rellenar con algunas fórmulas tomadas en préstamo del baúl de sociólogos profesionales y con algunas reformas que deberían mitigar la aspereza del dualismo capitalista-proletario y hacerlo aceptable, tolerable en nombre del “deber social”. El socialismo si no quiere morir, debe tener el coraje de ser bárbaro. Ello debería aguerrir al ejército proletario, generalizar la lucha de clases, que es el principio de la táctica socialista, mantenerse lejos del parlamentarismo y rechazar cualquier compromiso y cada conciliación. La práctica electoral ha caído en la bancarrota. El socialismo parlamentario ha sido absorbido por la burguesía. El fenómeno es particularmente visible en Francia, donde muchos ministros socialistas han conquistado los famosos poderes públicos, sin que el sacrosanto principio de la propiedad privada haya sido siquiera mínimamente atacado. Es más, ha sido defendido. Naturalmente los reformistas han cambiado las cartas y hoy gritan que hay que “penetrar” en los engranajes del Estado.

Sorel recuerda que los cristianos jamás quisieron “penetrar” en la sociedad política de Roma. Cristo fue siempre el único dios que rechazó la hospitalidad del panteón pagano.

Los socialistas parlamentarios descansan siempre todas sus esperanzas de éxito en el hecho de la degeneración burguesa. Ahora bien, a nosotros sindicalistas esta burguesía timorata, humanitaria, filantrópica; esta burguesía de “buen corazón” que se dedica a la beneficencia inútil en lugar de acelerar el ritmo de la actividad económica, nos produce un sentimiento de invencible repugnancia. Nosotros no queremos recoger el patrimonio de la burguesía de un periodo de decadencia. Por los intereses generales del hombre, preferimos tener en frente una clase burguesa aguerrida, audaz, consciente de su propia misión; una burguesía que alcance el máximo de su potencia y caiga bajo el golpe decisivo de la huelga general. La violencia proletaria, mientras constriñe al capitalismo a permanecer ardoroso en la lucha industrial y a preocuparse de la función productora; es quizá el único medio de que disponen las naciones europeas, embrutecidas por el humanitarismo, para encontrar su antiguo vigor.

Si frente a una burguesía rica y ávida de conquistas se alza un proletariado unido y revolucionario, la sociedad capitalista alcanzará su perfección histórica.

El peligro que amenaza el porvenir del mundo está por ello en este histórico deseo de paz a cualquier precio, es en este abrazo universal donde se quiere suprimir bajo una abundante retórica humanitaria, las ásperas e irreductibles antítesis en el orden de los hechos económicos; está en esta antigua burguesía que ha perdido la fe en sí misma, en este socialismo que se ha ahogado en el pantano parlamentario. Para evitar este peligro es necesario que el proletariado realice en cuanto sea posible, la concepción de Marx:

“La violencia proletaria, ejercida como pura y simple manifestación del sentimiento de la lucha de clases aparece así con carácter de algo bello y heroico. Está al servicio de los intereses primordiales de la civilización, y aún cuando no opta, quizá, por el método más adecuado al logro de provechos materiales inmediatos, puede salvar de la barbarie al mundo.”



Todos aquellos que temen la violencia recorren con el pensamiento los tiempos de la inquisición, la época del terror, los tribunales jacobinos, la permanente guillotina. Es posible que una revolución conducida por ideólogos, por gente que tenga la profesión de pensar por otros, en nuestro caso por el proletariado, restablezca los antiguos y feroces procedimientos; pero la violencia proletaria no tiene relación alguna con tales acciones proscritas. Son pura y simplemente actos de guerra y todo aquello que pertenece a la guerra se cumple sin odio y sin espíritu de venganza…; los conflictos sociales tomaran meramente el carácter de lucha, similar al del ejército en campaña. No se pueden confundir la violencia sindicalista usada en el curso de las huelgas de obreros que quieren el vuelco del Estado, con los actos salvajes que la superstición hacia el Estado sugirió a los revolucionarios del 93, cuando tuvieron el poder en las manos y pudieron oprimir a los vencidos siguiendo los principios que habían heredado de la Iglesia y la monarquía. Tenemos el derecho de esperar que una revolución socialista conducida por sindicalistas no será manchada por los hechos abominables que manchan las revoluciones burguesas.



IV



Sorel hace una distinción entre fuerza y violencia, distinción necesaria para disipar muchos equívocos.

“La fuerza tiene como objetivo imponer la organización de un orden social, en el que gobierne una minoría: allá donde la violencia apunta a la destrucción de ese orden”



La fuerza es la expresión de la autoridad, la violencia es la expresión de la revuelta. La primera es del mundo burgués, la segunda de la organización proletaria. La violencia se resume en la huelga general, que como la guerra de liberación es “la manifestación más destacada de las fuerzas individualistas de las masas rebeldes” del ejercicio de la violencia proletaria borbota lo que Sorel llama: la moral de los productores. La nueva moral que da vida exuberante a un estado de ánimo rebosante de epicidad y mantiene tensas todas las energías del alma para realizar las condiciones en las cuales pueda fundarse la industria de los hombres libres y ardientes, buscadores de lo mejor…A la violencia el socialismo le debe los altos valores morales con los que ofrece la salvación al mundo moderno.



V



Todo el volumen de Sorel tiene una vivaz entonación, polémica y directa, especialmente contra los socialistas parlamentarios franceses y su líder Juan Jaurès. Se ve que estas reflexiones han nacido bajo la impresión de acontecimientos recientes en los cuales han tomado parte personajes que conocemos. Los rígidos, esquemáticos y pedantes doctrinarios, encontrarán criticable esta polémica en un libro de ideas, para nosotros, en cambio, tiene un valor mayor. El socialismo contemporáneo de las naciones latinas debe mucho a Jorge Sorel. A través de sus libros hemos llegado a una comprensión del marxismo más segura que la llegada de Alemania en un estado irreconocible. Desbrozando el socialismo de todo lo que es oropel ideológico heredado de la tradición democrática y jacobina, así como positivista, la noción de socialismo “se identifica con la de la huelga general”. El socialismo ya no es un sistema emplazado en un futuro más o menos lejano, sino unas lecciones diarias de preparación revolucionaria; la aplicación continua, violenta de la lucha de clase. Burguesía y proletariado son inconfundibles. La primera alcanza por medio de la técnica y la expansión colonial el máximo de su potencia, el segundo, se prepara para expropiarla. La expropiación será el resultado de la huelga general, la cual tendrá justamente las características de una amalgama suprema, de una batalla napoleónica y como quería Marx: será el signo de la separación absoluta entre dos épocas de la Historia.

Esta interpretación del devenir social no tiene nada que ver con las ideologías de los socialistas oficiales que creen en la mágica virtud de la mitad más uno. No será ciertamente con un voto parlamentario de una asamblea de abogados que, como afirma Engels en la cita aportada por Sorel, la sociedad “organizará la producción sobre la base de una asociación de productores libres e iguales, trasportando la maquinaria estatal al museo de las antigüedades junto a la rueda y el hacha de piedra”.

Será en cambio, con un gran choque en el que las dos clases enemigas medirán sus propias fuerzas en una batalla decisiva. Aquella noción catastrófica que los reformistas se habían apresurado a declarar errónea, es respondida por Sorel a la debida luz y en su justo significado histórico. El socialismo purificado por la práctica sindicalista, ya no es asunto de aficionados, de holgazanes o de politicastros. Ello se vuelve terrible como en sus comienzos. Literatos y sentimentales ya no encuentran ahí sitio, la obra de los intelectuales es acogida solo en tanto se limite a “negar el pensamiento burgués como forma de poner al proletariado en guardia contra una invasión de ideas y costumbres de la clase enemiga”.

Este estado de guerra permanente entre burguesía y proletariado, generará nuevas energías, nuevos valores morales, hombres nuevos que se aproximarán a los héroes antiguos.

Estas palabras de Jorge Sorel con las que cierro mis notas, las ofrezco a los compañeros para que mediten. Es necesario que los socialistas se persuadan de que la obra a la cual se consagran es grave, terrible y sublime.

M.B.



De “il Popolo” N. 2736, 25 junio 1909, X



1. “Considerazioni sulla violenza” di Giorgio Sorel – Casa editrice Laterza di Bari –

2. Ver otro artículo mío en “Popolo” de 27 de mayo “la teoria sindicalista” N del A.

3. Los textos de Sorel, son de “Reflexiones sobre la violencia” ed. La Pléyade, Buenos Aires (por no traducir del italiano un texto retraducido del francés)

4. Original “La Giovane Italia” curioso que la revista de Thiriart para la unificación europea se llamase “Jeune Europe” N. del T.
_________________
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo Visitar sitio web del autor
Mostrar mensajes anteriores:   
Publicar Nuevo Tema   Responder al Tema    Índice del Foro Tercera Vía -> Traducciones Todas las horas están en GMT + 1 Hora
Página 1 de 1

 

Saltar a:  

No puede crear mensajes
No puede responder temas
No puede editar sus mensajes
No puede borrar sus mensajes
No puede votar en encuestas
You cannot attach files in this forum
You cannot download files in this forum

Community Chest


Powered by phpBB
Hosted by FreeForums.org